martes, 7 de diciembre de 2010

Los exilios de P.D. Cash

John Lexington Cashew, más conocido como P.D. Cash fue expulsado de Haggardtown, Pennsylvania, lugar famoso porque fuera visitado por el famoso novelista. Los motivos de la expulsión son claros: evitó publicar las fotos del Jefe del KKK teniendo sexo con el esclavo oficial del pueblo, pero del lado equivocado de una violación, pero no pudo evitar que se supiera en todo el pueblo, lo que fue considerado por el enjuto Jefe racista como una afrenta y se le pusieron los sabuesos del sheriff a su disposición con lo cual John Nuts, como le llamaban para azuzar a los perros, debió correr en el medio de la noche hasta la interestatal esperando infructuosamente un camión con troncos para huir.
Al no poder hacerlo debió subirse al primer vehículo que le fuera prestado, una especie de calesa de los hermanos Weintrokken, amish de la zona que caminaba a la friolera de la mitad de la velocidad de los sabuesos. Con todo y valija logró escapar por un pelo, pasando la línea del condado de Hamletshire un segundo tres décimas más tarde que los sabuesos quienes corrían con los brazos de sus amaestradores en ristre. Ese golpe de fortuna y otro de un brazo amputado lo despertó a la realidad y le interrumpió el sueño de la vida campestre, además de que lo despertó justo para bajar en una estación de servicio cerca de Hampton Junction, donde se encuentra aquel olmo famoso por haber servido de mingitorio a Charles Manson aquel día.
Nadie sabe a ciencia cierta qué rumbo tomó después, pero, dado que apareció en Nevadafolks, en Ontario, Canadá, se supone que fue hacia el norte aunque literariamente hablando se fue para abajo, como siempre.
Escribía novelas y ficciones más o menos realistas y esa fue su desgracia permanente, dado que afligía, infligía y crujían sus huesos cada vez que tocaba capos mafiosos, enfermeros jefe de las secciones de drogadictos famosos y los dealer de las seccionales de drogadictos convencionales. Pero de cambiar su estilo, ni hablar, aunque se sabe que intentó la poesía de amor, pero sólo para meter la pata con amores con sexo explícito. Perdón, con apellidos explícitos. Esto hacía del poema una denuncia policial aburrida y somnolienta como la California que había dejado atrás.
Su exilio canadiense no terminó nada bien, ya que comentó costumbres inuit que nadie debía conocer así que, por las planicies del Polo Norte, Cash (ya cambiados todo sus nombres y apellido) escapó a Siberia por la ruta de las Aleutianas, lo que le costó un ojo de la cara pero que se lo reinsertó en un viaje a China.
De allí saltó a Palestina, nadie sabe bien cómo, como el resto de su vida. Se cuentan anécdotas muy jugosas de su cruce tibetano a lomo de yak, incluso hay todo un lapso que se podría denominar palestino. Pero esos son sus otros exilios, precisamente y se cuentan en otro lado.

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